Acompañar estos procesos de vida, el nacimiento, la muerte y mi propio proceso en la vida me ayudó a comprender la importancia del cuidado amoroso ante el dolor, porque nos devuelve la confianza de que hay algo más tras el dolor que no solo sufrimiento. Y así, a través del amor el dolor se vuelve medicina. Tras el dolor, también hay crecimiento, evolución, nos trae el regalo de elevar nuestra consciencia, de reconectar con nuestra esencia, nuestros dones, y con nuestra fuerza interior. Y es el amor, el que nos muestra y permite encontrar el camino para abrirnos al placer, la otra cara del dolor, expandirnos tras el, salir del sufrimiento y llevarnos al bienestar y al amor tras vivenciar el dolor.
Creo profundamente que tras el dolor y contracciones de vida intensas hay también posibilidad de abrirnos al bienestar y al amor. La clave nos muestra la vida a través de estos proceso de tránsito, aceptar las contracciones, sentir el dolor nos produce, no luchar y recibir cuidado amoroso. Esto es lo que nos permite la apertura de nuestro cuerpo para se de el nacimiento. En nuestra vida, abrirnos a lo nuevo nos trae en nuestro proceso de vida. En la muerte abrirnos a la vida fuera de la materia.
Es el amor lo que nos da aliento, lo que nos sana, lo que nos reconecta, y permite no nos defendamos y acorazarnos a esa energía somos. Porque el amor nos permite recordar quienes somos al verlo reflejado de quien nos lo da. Recibir amor nos dignifica. Nos sana. Nos expande ante el dolor. Habernos sentido acompañados con las contracciones de vida nos llegan desde el inicio de la vida, nos permite seguir abriéndonos a la vida, sin acorazarnos y sin entrar en sufrimiento y desconexión con nuestra esencia, cuando nos llegan contracciones de vida y sentimos dolor con ellas.
Parir, nacer, morir, y vivir con amor se vuelve nuestra medicina. Recibir amor y acompañamiento en momentos de tránsito y de contracciones de vida, son oportunidades únicas para ayudarnos a recordar quien somos, y encontrar ahí, el camino para salir del sufrimiento. Son oportunidades únicas para ayudar a sanar y a devolvernos nuestro poder para poder transitarlo desde esa fuerza interna y no buscar salvadores nos saquen de él sino nos acompañen.
Y así, en este caminar un día pude comprender que era el mismo amor, y cuidados amorosos que tanto había dado en mi acompañamiento a las mujeres como clave en ayudarlas, el que merecía darme a mi misma. Ofrecernos ese amor y compasión hacia nosotros mismos, nos conforta, nos da aliento ante las dificultades y nos reconecta con nuestro propio poder para salir de las contracciones intensas de la vida, y salir fortalecidas de ellas, abriéndonos a lo nuevo nos traen. Si, creo en un momento renacemos al amor propio. Y el camino, ofrecernos ese amor, y compasión hacia nosotros mismas. Renacer al amor propio nos reconecta con nuestro poder y soberanía en la vida.
Y yo ahí sigo, en ese ofrecerme a diario amor a mí misma. Camino que me lleva cada día a conectar cada vez más con quien yo soy, con mi poder personal, con la alegría de vivir y el disfrute simplemente, a pesar del dolor implícito de la vida.
Foto Nerea Lope

