Blanca Lainez
 

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El parto es un momento de mucha intimidad. En mi caso, no puedo estar más agradecida de haber compartido todo el proceso con Blanca.

Me ha ofrecido un acompañamiento holístico de todo el proceso, fomentando mi bienestar y el de mi círculo. Con una mirada centrada en traer seres a un espacio lleno de amor y ha contagiado esta visión consciente a mi familia y hemos recibido a nuestra hija con muchísimo amor y cuidado. Blanca tiene un maletín de recursos combinando ciencia , experiencia,  al igual que otras miradas que me han ayudado a desbloquear miedos, cuidar más de mi cuerpo, dejarme cuidar y a empoderarme para sentirme una madre capaz y poderosa. Durante el parto creo que lo que más me ha impactado es su percepción, intuición, y su capacidad de interpretar todo mi lenguaje no verbal, en un momento en el que me costaba dar palabras a mis necesidades.

También  ha ayudado a que mi pareja se sienta partícipe , tranquilo y presente durante el embarazo y el parto. Me siento afortunada de haber compartido esta etapa con ella.

/ Julieta. Madre de Theia. /

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Blanca es maravillosa. Además de una gran profesional como comadrona con ella aprendí a abrazar mi primer parto y me ayudó a acompañar a mi primer hijo en este segundo embarazo con amor y respeto.

Gracias a ella pude vencer mis miedos y pude parir a mi segudna hija en casa de la mejor manera posible. Una salvaje experiencia llena de fuerza y valentía por parte de todos. Además le dio luz y tranquilidad a mi crianza y siempre que la necesité estuvo bien cerquita en lo físico y en lo emocional.

Es una mujer llena de verdad y valentía. Y me enseño dos de las mejores y más bellas lecciones de mi vida. “No es lo que nos pasa, sino como lo vivimos lo verdaderamente importante. Y que todo lo que nos pasa en perfecto y bello tal y como es.

Gracias Blanca. Es un regalo haberte conocido.

/ Triana. Mamá de Emma. /


 

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Conocí a Blanca en una vista para asesorarnos sobre donde parir

Tras su visita decidimos entre las opciones parir en la casa de partos de Martorell. Tenía claro queríamos un parto natural y creímos que para nosotros era la mejor opción

Hicimos la preparación con ella con unas sesiones previas. Nos ayudo a entender el embarazo y concienciarnos de la importancia de cuidarme para poder cuidar a mi bebé, me ayudo con la diabetes gestacional a favorecer un buen control y con sus consejos  y tratamiento nunca precise de insulina. Sus sesiones nos ayudaron a reforzar el vinculo con mi pareja y el fue encontrado su lugar durante el embarazo y el parto y postparto. Me ayudo a empoderarme para parir, poner mas disponible mi pelvis y desbloquear algunos miedos.

Estoy segura que estas sesiones me ayudaron a tener el parto que yo quería. Un parto intenso y único que nunca olvidaremos. Recuerdo  en un momento intenso del parto un ejercicio que realice con ella, donde repetía “ yo quiero , yo puedo”, y en uno de los momentos mas intensos del parto, , esas palabras y otra suyas me resonaron dentro no haciendo me rindiera,  y decidiera lanzarme a vivir la experiencia tal y como yo lo deseaba.

Recomiendo sin duda,  las sesiones con Blanca para prepararse para esta etapa tan intensa y única. Es realmente importante , prepararse para poder enfrentarse a esta etapa, que siendo natural y fisiológica , son muchos los condicionantes internos o externos, y miedos que pueden dificultar vivirla plenamente  tal y como deseamos.

/  Aina. /

 

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Blanca nos acompañó en la aventura de encontrarnos con nuestra hija y nos ayudó a recibirla de manera serena y amorosa, después de un parto de tres días que acabó siendo una inesperada cesárea. Hemos hablado muchas veces de ella en estos años, en contextos diferentes: familia, amistades, escuelita. Explicando a la gente cómo nos habíamos sentido acompañados en ese proceso, y cómo ese acompañamiento nos había hecho vivir con una serenidad inesperada una situación no deseada como la cesárea. Cuando cuentas que tu hija ha nacido por cesárea la gente pone caras como de querer darte consuelo. Qué difícil explicarles que, aún no deseándo la cesárea, el nacimiento fue una experiencia extraordinaria, y no sentimos que se nos robara el parto. Vivimos ese viaje como un gran aprendizaje y esto ha sido, en gran medida, por el acompañamiento recibido. Por la presencia segura y amable con la que Blanca nos acompañó, que nos hizo sentir protección y serenidad hasta en los momentos más complicados. Pudimos tomar consciencia paso a paso de lo que estaba pasando y vivir plenamente uno de los momentos más importantes de nuestra vida. Gracias también a esa experiencia, ahora podemos acompañar a nuestra hija, que está aprendiendo —como nosotros aprendimos con su llegada— que la vida no siempre toma la dirección que esperas; pero que pase lo que pase, podemos vivirlo con amor y aprender de ello. 

/  Francesca. /

 

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Blanca,

Tesoro del embarazo, sol del nacimiento

Muchas gracias por este acompañamiento tan respetuoso que nos has ofrecido

Gracias por ayudarnos en el nacimiento de nuestra hija Frida.

Gracias por acompañarnos durante todo el proceso aceptándonos y respetándonos con nuestros deseos , nuestras dudas ,nuestros miedos. Gracias por todo este tiempo y por respetar nuestro “tiempo”. Gracias por tu ofrecimiento incondicional cualquier dia , a cualquier hora, en cualquier instante.

Gracias por los momentos de escucha , por las charlas. Gracias por respetar los silencios

Blanca, tesoro del embarazo, solo del nacimiento…..

Gracias a ti hemos podido cumplir nuestro sueño de ver a nuestra hija naciendo en casa, disfrutando de todos los detalles haciéndonos presentes en cada momento y ofreciendo a Frida todo el respeto y amor que mercecía su llegada al mundo.

/  Borja y Mireia. /

 

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Buscando el camino para acoger una nueva vida. Blanca de ojos oscuros me quiso acompañar. Sembramos la confianza, la entrega y el amor. Y al fin vino la lluvia a regar el campo adobado. No faltó tormenta eléctrica ni luna llena. Y poquito a poco se puso en marcha la rueda para avanzar el sendero que ansiábamos. Sin embargo no aconteció lo esperado. Otra senda, ya abierta, debíamos trazar. Quizá para sanar antiguas heridas, quién sabe, para aprender a abrazar con amor la vida como venga, sin concesiones. Y la acogimos con pañuelo de seda

Gracias, Blanca, por acompañarme en este camino lleno de matices como la selva de Irati.


/  Magaly. Madre de Irati  /

 

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Al nacer, nuestro bebé  no ha conseguido mamar, tenía el labio inferior metido así a dentro y le costó muchísimo succionar.  la Blanca nos acompañó, día tras día, insistiendo, acompañando y ayudando en un proceso que duró más de dos semanas, hasta que logró mamar por si mismo. 

Sin duda, la lactancia de nuestro hijo, que ha durado 3 años ha sido posible por esta presencia de Blanca.



/ Natalie. Mamá de Ilai.  /

 

Historia de un parto:

La primera vez que nos vimos con Blanca, estaba de 30 semanas, habíamos contactado con ella ya en el tercer trimestre del embarazo.

La confianza surgió rápido. Nos habían hablado de ella, pero en seguida nos dimos cuenta de que la forma en que enfocaba el embarazo, el parto, la pareja, la crianza nos gustaba mucho.

Ella nos recordó que estaba en nuestras manos que el embarazo fuera saludable física y emocionalmente, que aquella pequeña que crecía dentro de mí se estaba formando con aquello que le llegaba de nosotros día a día y nos ayudó a tener presentes unos hábitos que nos facilitarían acabar de tener un buen embarazo y aproximarnos al parto con seguridad y entereza.

La alimentación, las emociones, el ritmo, el amor, todo iba nutriendo nuestra pequeña Lluna.

El embarazo pasó de la semana 41 y, aunque estábamos tranquilos porque nos informamos mucho, el entorno nos generaba cierta ansiedad por la impaciencia y el no entender que se puede esperar a que el bebé esté preparado, a que los cuerpos hablen, siempre que todo esté bien, como era el caso. Afortunadamente Blanca trabaja maravillosamente con las emociones, y con su habilidad en detectar por donde flaqueábamos, conseguimos disipar la ansiedad y seguir disfrutando de la incertidumbre de no saber cuando iba a ser el momento, de soltar el control y saborear la magia.

Finalmente en el dia 41+3 al atardecer, del día antes de Sant Jordi, llegaron la primeras contracciones del que sería, ya sí, el parto de Lluna.  Lo teníamos todo preparado en nuestro pequeñísimo piso. Al llegar Blanca, unas horas después de aquel inicio suave, consideró que esta vez sí que había arrancado la cosa. Teníamos parto y llenamos la piscina.

Las contracciones, aunque regulares, seguían siendo bastante distantes entre sí y se podría decir que suaves. Las horas pasaban y el parto no se paraba ni con el agua caliente de la piscina, que por cierto era un placer inmenso, y esto era buena señal. Pero tampoco avanzaba. Pasó la noche y el ambiente en casa era como de balsa de aceite. Todo muy quieto, demasiado quieto, incluso. A media mañana, estando ya a día 41 +4, comprobamos que la dilatación era la misma que 6 horas antes y es aquí donde entró en juego la genial habilidad de Blanca de navegar por las emociones, encontrarlas, mirarlas a la cara, poner palabras, tomar conciencia y desbloquear aquello que de alguna manera estaba evitando que Lluna colocara su cabecita para salir.


Vimos la grandeza de ser comadrona, porque ella no miraba solo el cuerpo, el cérvix, la dilatación, miró dentro de mi y gracias a ella supe ver que tenía un miedo. El de no poder querer tanto, el de no saber si sabría ser madre de dos, de no saber si iba a tener tanto amor para dar, como habíamos tenido hasta el momento para Aixa. Lluna sabía que antes de nacer ella, yo necesitaba soltarme, prepararme para recibirla incondicionalmente, sin miedo, abrirme a la vida y al amor y me lo estaba diciendo haciéndome esperar.

Lo hablamos, lo lloramos Rikki y yo, y Blanca nos acompañó en darle forma a esos sentimientos y repetirlo para que mi cuerpo fuera capaz de sentirlo plenamente y de soltarlo.

Y aquí llegó la magia. Aquella frase que Blanca nos ayudó a construir trajo inmediatamente unas contracciones intensas como ninguna de las que había tenido hasta el momento.

Me abrí para ella y ella se puso en la línea de salida provocándome las contracciones que me hicieron sentir más viva que nunca. Noté su cabeza bajando. Grité abriendo bien la boca, relajando todo el cuerpo y en 10 contracciones Lluna salió. Sin que me diera tiempo ni siquiera a pujar.

Con un expulsivo rápido, agradable y muy potente Lluna me agradeció que me hubiera dejado guiar por Blanca, abrazar por Rikki, que me hubiera permitido llorar por el fin de la exclusividad de Aixa como hija única y que hubiera decidido confiar en ella, pequeña como era, en mi cuerpo y en la potencia de la vida misma.

Y allí, al lado del sofà de casa, un día de Sant Jordi a las 14:37 del mediodía, de cuatro patas, cual leona, conocí a Lluna. La abrazamos, me acomodé y ya no nos tuvimos que preocupar de nada más. Con eficacia, rapidez, tacto y máximo dominio de la situación, la misma que había entrado en nuestras emociones y nos había ayudado a encontrar el camino, ahora se ocupaba de que todo estuviera bien, que tuviéramos un buen inicio de la lactancia, que el sangrado fuera el correcto, que el cordón siguiera su curso, que la placenta saliera bien. Incluso gozamos de una clase magistral de anatomía placentaria. Y también se encargó de limpiarlo todo, de vaciar y guardar la piscina de partos. En una hora, cuando llegaron la abuela y Aixa (ya mucho mayor, con esencia de hermana mayor) nadie hubiera dicho que acababa de parir ahi mismo excepto por el globo de oxitocina que lo hacía todo perfecto.

Sé que nos acompañó la persona que tenía que ser. Con otra persona, igual nos hubiéramos quedado en el bloqueo físico, quizás me hubiera rendido.

Gracias infinitas, Blanca, por habernos acompañado en la experiencia más intensa y amorosa que jamás hemos tenido.

/  Alba mamá de Lluna. /